#reflexiones 

La línea entre hacer lo que queremos y lo que debemos suele ser muy delgada.

Equilibrio

Me examino a mí mismo, para darme cuenta que gran parte de las veces hago lo que los demás esperan que haga y no lo que en verdad deseo. No porque lo que desee sea inferior o conflictivo, sino porque hacer lo que se espera de cada uno de nosotros puede parecer que nos da cierta sensación de comodidad, quizás incluso nos hace sentir que encajamos y que no luchamos contra la corriente.

Muchas veces he estado hablando con amigos que no saben qué hacer o se sienten confundidos respecto a una decisión o decisiones que van a tomar. A la incertidumbre respondo diciendo  — “y… ¿que es lo que en verdad quieres?” — Esta simple y sencilla frase ayuda a estas personas a ver su situación desde un punto de vista distinto. Uno en el que no son ellos enfrentándose a sí mismos, sino uno en el que pueden tener un vistazo de porque a veces es tan difícil elegir y usar esa perspectiva para tomar mejores decisiones.

Como humanos, lidiamos con más cosas de las que podemos manejar. Personalmente, se me suelen salir las cosas de las manos, sin embargo una de mis frases favoritas que repito a diario es “la vida es un trabajo en progreso” y como tal siempre habrá algo que podamos aprender, algo que podamos hacer mejor, mejores decisiones que podamos tomar, entre otras muchas cosas más. Está frase en especial, me hace ser menos rudo conmigo mismo y con los demás, pues me hace entender que todos tenemos el don de llegar a ser mejores cada día y que las debilidades y flaquezas de hoy pueden ser las fortalezas del mañana.

Hacer una distinción entre lo que que de verdad queremos y lo que se supone debemos hacer puede marcar una gran diferencia al hacer evaluaciones que nos guíen a tomar decisiones más acertadas. Meditar en los caminos que podemos elegir y porque los elegimos pueden, al final, dar mayor significado a lo que escojamos.

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